Natural de la localidad alicantina de Monforte del Cid, Jorge Juan (1713-1773) fue educado en el colegio jesuita de Alicante, donde trabajaba su tío el canónigo Antonio Juan. Huérfano de padre desde los tres años, Jorge fue enviado a estudiar a Zaragoza bajo la custodia de otro tío suyo, don Cipriano, Caballero de la Orden de Malta y bailío (administrador de la justicia real) de Caspe. Éste también le hizo entrar a la Orden, enviándolo a Malta en 1725, con doce años, para que sirviese como paje del Gran Maestre Antonio Manuel de Villena. Tras superar las cuatro campañas en galera necesarias, fue ordenado caballero de primera clase, también llamados caballeros de justicia.
En 1729 regresa a España para ingresar en la Academia de Guardias Marinas de Cádiz. Tuvo que esperar seis meses para poder ser aceptado, pero mientras tanto pudo asistir como oyente. En la academia aprendió todo lo necesario para ser un marino: geometría, trigonometría, cartografía, hidrografía, astronomía, estimación y navegación, además de dibujo, danza y música. Su éxito como estudiante fue muy valorado por profesores y compañeros, que le apodaron "Euclides", en referencia al sabio griego padre de la Geometría.
Desde Cádiz tuvo acceso a las ideas más avanzadas de Europa, como ciudad comercial y abierta que era. Entre 1730 y 1733 participó en cuatro campañas en el Mediterráneo. En la de Nápoles, escoltó al infante Carlos III, futuro rey de España, hacia su trono en Nápoles. Jorge Juan destacó en la campaña de Liorna, donde apagó un incendio que amenazaba su barco. En la de Orán sirvió en la escuadra de Blas de Lezo, en la que cayó enfermo de tifus, teniendo que ser atendido en Málaga junto a muchos otros compañeros. Más de quinientos hombres murieron debido a esta enfermedad.
Recuperado, en octubre de 1734, con 21 años, es enviado con Antonio de Ulloa a Perú, en una expedición científica organizada por la Academia Científica de París. Newton había teorizado décadas antes que la Tierra no era esférica, sino que estaba achatada en los polos. Pero algunos contemporáneos suyos habían rebatido su idea. La Academia de París quiso zanjar el asunto, consciente del beneficio que supondría para la navegación y la cartografía conocer mejor el tamaño y la forma real del planeta. Una expedición sería enviada al norte del ecuador, a Finlandia (en la que colaboró el sabio Celsius), y otra al sur, a Quito, en el Virreinato de Perú. El rey de España dio su permiso a cambio de que participasen dos españoles, siendo nombrados para ellos Jorge Juan y Ulloa. Su trabajo consistió en calcular un arco del meridiano terrestre en la línea ecuatorial de Quito. Sus cálculos demostraron que la Tierra efectivamente no era esférica, sino un esferoide oblato, al achatarse ligeramente en los polos. Este descubrimiento les granjeó a todos los miembros participantes una merecida fama en los círculos científicos europeos.
Tras diecinueve años en América, en los que estudió para la Corona la organización de los territorios españoles y la defensa de las costas peruanas, regresó a la península.
Destacar las obras que durante estos años escribió junto a Antonio de Ulloa:
- Plan del camino de Quito al río Esmeraldas, según las observaciones astronómicas de Jorge Juan y Antonio de Ulloa (1736-1742).
- Observaciones astronómicas y físicas hechas en los Reinos del Perú(Madrid, 1748).
- Relación histórica del viaje hecho de orden de su Majestad a la América Meridional (Madrid, 1748).
- Disertación Histórica y Geográfica sobre el Meridiano de Demarcación entre los dominios de España y Portugal (1749).
- Noticias Secretas de América, sobre el estado naval, militar y político del Perú y provincia de Quito (1748). Su publicación fue prohibida por contener datos sensibles para otras potencias, pero vio la luz en Londres en 1826.
En 1748 el Marqués de Ensenada, consciente de que el futuro del Imperio pasaba por mejorar la Armada ante la amenaza marítima inglesa y de otros rivales, decidió potenciar los esfuerzos puestos en el espionaje y en la contratación de ingenieros y artesanos de las artes navales. Tras conocer a Ulloa y a Jorge Juan en Madrid y convencido de su valor, distinción, modales y conocimientos (había leído y ayudado a publicar algunas de sus obras antes mencionadas) los convirtió en agentes para sus planes. El embajador español en Londres, Ricardo Wall, que había reconocido ser un incapaz para el espionaje, había pedido hombres adecuados al ministro Ensenada. Jorge Juan fue enviado a la capital inglesa junto a Pedro Mora y José Solano. Todos eran marinos y científicos. Su cometido fue el de conseguir información de los arsenales ingleses y la construcción de nuevos navíos, así como levantar mapas, hacerse con nuevas tecnologías y contactar con marinos, maestros y obreros católicos dispuestos a pasarse al servicio de España.Bajo la falsa identidad de mister Josues, a Jorge Juan y sus compañeros fingirían ser estudiantes de matemáticas. Se les dio órdenes para evitar las visitas a la embajada española londinense, así como no contactar directamente con el embajador Ricardo Wall. Se les entregó un nuevo sistema cifrado para sus mensajes, y se les recomendó asistir a todas las charlas sobre matemáticas que hubiese en la ciudad para no levantar sospechas. Su recibimiento no pudo ser mejor: fueron aceptados en la Royal Society. Una de las órdenes de Ensenada decía que sus cartas y mapas no debían contener jamás firmas, y los mensajes debían esta escritos en el lenguaje cifrado que le facilitaron.
Los agentes sabían que como extranjeros no podían acceder a los arsenales ingleses, y además los técnicos católicos estaban siendo vigilados por las autoridades, sobre todo después de ser descubiertos en Portsmouth en julio de 1749 un grupo de técnicos de lonas ocultos en el barco Dorotea, con rumbo a Granada. Se trataba de una operación particular organizada por el propio encargado de la fábrica granadina, Gómez Moreno.
El equipo de espionaje comenzó a trabajar de inmediato, y con unos resultados excelentes. Las informaciones obtenidas por Jorge Juan llegaron rápidamente al embajador Wall, que, contento con su trabajo, bromeaba con Ensenada al darle parte: "se halla noticioso de cuanto se hace en esta ría, lo que le cuesta algún resfriado".
Apenas instalados en Londres, ya estaban informando sobre la construcción de siete naves de sesenta y setenta cañones, de una fragata de veinte y la renovación de otro más de sesenta. También lograron captar en su primer mes al ingeniero Richard Rooth, al que enviaron a Ferrol. El contacto con los expertos navales católicos fue posible en parte por la mediación del padre Lynch. También facilitaron a Wall toda clase de máquinas, útiles de construcción, libros, telares, microscopios, máquinas neumáticas, lentes, una "machina eléctrica", "instrumentos para experimentar la mosión, peso y equilibrio de los líquidos"...
Varias informaciones reunidas por Jorge Juan y sus compañeros indicaban que los ingles planeaban enviar suministros y colonos a través de varias fragatas a algún punto de Sudamérica (quizás a las Malvinas), lo que contravenía lo firmado recientemente en el Tratado de Aquisgrán, que había puesto fin a la Guerra de Sucesión Austriaca. Ensenada, necesitado de confirmaciones, se debate entre Wall, que cree que las naves no acabarán partiendo, y Jorge Juan, que no termina de asegurar la anulación de los planes ingleses. Nuestro protagonista llegó a proponer al ministro la compra de varias naves armadas en Inglaterra para atacar por sorpresa a las fragatas cuando saliesen del puerto. Finalmente prevaleció la política amistosa de Ricardo Wall.
La misión de nuestro protagonista terminó tras dieciocho meses en suelo inglés, en los cuales, además de datos, mapas y maquinas enviadas a manos españolas, logró el traslado clandestino de más de 50 técnicos, muchas veces acompañados de sus familias. Destacar entre ellos: seis contramaestres de construcción de navíos, siete maestros de armar y aparejar, diecisiete carpinteros de ribera, doce de lo blanco, ocho aserradores, junto con caldereros, herreros, intérpretes y criados. Acabarían trabajando para los arsenales reales españoles de Ferrol, Cádiz, la Habana o Cartegena.
Durante los últimos meses de su estancia se vio obligado a extremar las precauciones, ya que la policía sospechaba de él. Cambió su nombre a mister Sublevant, fingiendo ser un librero francés. Su último trabajo consistió en captar a Edward Bryant, un importante director de astillero que acabaría destinado en Cartegena. Su desaparición alertó a las autoridades, que no pudieron evitar que el barco en el que iban a ser transportadas las familias de los técnicos partiese, pero sí apresaron al padre Lynch cuando iba al puerto a dar misa a los fugados. La identidad de Jorge Juan ya no era segura, y propio el ministro Belford ordenó su captura. De modo que su misión en Inglaterra terminó en abril de 1750, cuando, disfrazado de marino, tomó un mercante rumbo a Calais. Su barco fue registrado hasta en tres oc
asiones, pero no lo lograron identificar.
Ascendido a capitán de navío, Jorge Juan se hizo cargo, bajo la protección y amistad del marqués de Ensenada, de supervisar la mejora de los astilleros de Cádiz, Ferrol, La Habana y Cartagena, empleando tanto los conocimientos que había acumulado tras años de estudio, y los que había arrebatado a los ingleses. Mientras supervisaba los trabajos del astillero de Esteiro, en Ferrol, sufrió un accidente que casi le cuesta la vida. En 1752 se convierte en Director de la Academia de Guardias Marinas de Cádiz, fundando además el Observatorio Astronómico en la misma ciudad. Su capacidad para el trabajo y la confianza que se tenía en sus conocimientos sobre minas, siderurgia y obras fue tal que llegó a realizar más de veinticuatro viajes de un extremo de España al otro, supervisando distintos proyectos.
Sus nuevos estudios se centraron en la mejora de los barcos, realizando cálculos sobre la optimización de los materiales, como la madera y el hierro, y midiendo la fuerza de los vientos y mareas para mejorar la capacidad de empuje de las velas. En 1754 el rey le nombra ministro de la Junta General de Comercio y Moneda. Su cultura ilustrada podemos reconocerla por la creación en Cádiz de la Asamblea Amistosa Literaria, poniendo su propia casa como lugar de reunión. Esta asamblea pretendía ser la base para una futura Academia de Ciencias, y los debates científicos que originó dieron lugar a una de las obras magnas de nuestro protagonista: el Examen Marítimo que más delante volveremos a mencionar.
Sus planes para la Marina española se fueron al traste con la caída en desgracia del marqués de Ensenada. De los muchos proyectos del ministro, uno de los más importantes, y en el que tanto empeño puso Jorge Juan, había sido reformar la flota española, copiando e incluso superando el modelo de nave inglesa. Una vez destituido, las reformas pasaron a copiar el modelo francés, más pesado y robusto, frente a la ligereza y maniobrabilidad del anterior, que a la postre resultó ser decisivo en batalla.
Sus últimos trabajos para la Corona fueron una embajada extraordinaria en Marruecos en 1767 y la dirección de los Reales Estudios de San Isidro en 1770, tres años después de la expulsión de los jesuitas de España. En 1771 publica su obra cumbre: Examen Maritimo Theórico Practico, ó Tratado de Mechanica aplicada á la Construccion, Conocimiento y Manejo de los Navios y demas Embarcaciones, un tratado excelente sobre ingeniería naval y mecánica de fluidos, que gozó de una enorme fama en su tiempo.Bibliografía:
- Gomez Urdáñez, J.L. El marqués de la Ensenada. El secretario de todo. Punto de Vista Editores, 2017.
- Abad Navarro, E. La patria de Jorge Juan. Novelda, 2005.
- Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Entrada: Jorge Juan Santacilia.

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