Ir al contenido principal

Juan Antonio Llorente

Juan Antonio Llorente

Hoy me gustaría hablaros de una figura fundamental en los últimos tiempos de la Inquisición Española, Juan Antonio Llorente. Fue un sacerdote y funcionario de ideas avanzadas, que al servicio de varios personajes eminentes de la política española, de finales de los siglos XVIII y principios del XIX, como el Inquisidor General Abad de la Sierra, Jovellanos o Godoy, redactó informes sobre la reforma o incluso abolición del Santo Oficio.

Llorente nació en Rincón de Soto (La Rioja) en 1756, y fue ordenado sacerdote en 1779. A partir de 1782 comienza a abandonar las ideas tradicionales del clero hispánico, y pasa a apoyar el regalismo, que supone un mayor poder del monarca en asuntos religiosos frente a la autoridad papal romana. Por esa época era albacea testamentario de la Duquesa de Sotomayor en Madrid, una figura cercana a la reina, que le facilitó alcanzar puestos de importancia. En 1785 pasó a ser Comisario del Santo Oficio en Logroño y luego Secretario de la Inquisición de Corte. En 1790 se convirtió en canónigo en Calahorra, pero continuó en la Corte como censor literario para el Consejo de Castilla.


Entre 1793 y 1794 el Inquisidor General don Manuel Abad La Sierra (acusado posteriormente por profesar la herejía jansenista) le encargó un informe sobre las actuaciones de Santo Oficio para su reforma. Tanto el funcionario como el Inquisidor General eran partícipes eliminar los mayores vicios de la institución. En el caso de La Sierra, su mala opinión de la Inquisición venía por su supuesto jansenismo, y por ser testigo directo de los abusos existentes, como cabeza del Tribunal. Para Llorente, estas ideas venían también por su cercanía al funcionamiento de la institución, junto con su apego a las ideas ilustradas y regalistas. La Sierra terminó dimitiendo de su cargo en 1794, dejando la obra de nuestro protagonista sin futuro. Su final sin embargo no llegaría aún, ya que durante el breve paso como Ministro de Gracia y Justicia de Gaspar Melchor de Jovellanos, entre 1797 y 1798, el asturiano le encargó continuar con su trabajo, llegando incluso a proponer la eliminación completa  del Santo Oficio.


En el año 1801 perdió su puesto como Secretario de la Inquisición de Corte tras una acusación por fautor de herejes, es decir, colaborador o protector de éstos. Entre 1805 y 1808 estuvo al servicio de Manuel de Godoy, privado del Rey de España. Elaboró para él varios informes históricos y políticos, al tiempo que se dejaba influir por el pensamiento pro francés del valido. En 1808 ya es un afrancesado convencido, formando parte de la Junta Nacional que aceptó la Constitución de Bayona y al nuevo monarca José Bonaparte. Fue miembro del Consejo de Estado como consejero para Asuntos Eclesiásticos, colaborando en la reforma del clero español con su Reglamento para la Iglesia Española de 1808, y en la eliminación de la Inquisición realizada bajo el régimen Bonaparte.
También fue nombrado caballero comendador de la Orden Real de España, una orden militar creada por José Bonaparte para sustituir la Orden de Carlos III. Su amigo Francisco de Goya, que también sería galardonado con dicha Orden, dedicó a Llorente uno de sus más destacados retratos.



A pesar del rencor que sentían los liberales de las Cortes de Cádiz hacia las figuras afrancesadas como Llorente, sus textos contra la Inquisición fueron fundamentales para que las Cortes gaditanas la disolviesen en 1813.
A Juan Antonio, siendo un colaborador tan destacado del régimen bonapartista, no le quedó más remedio que huir de España en 1813 junto a las derrotadas tropas francesas. Las cartas escritas a su familia y amigos desde París indican un ánimo resignado, aunque amable y nada hosco respecto a su situación de destierro. Trató durante los años siguientes obtener una amnistía del rey Fernando VII, pero sin éxito. En 1818 sigue en París, amenazado por la restaurada Casa de Borbón bajo Luis XVIII. El diputado Clausel de Coussergues atacó enérgica y repetidamente a los españoles revolucionarios y pro napoleónicos afincados en Francia, instando a su expulsión. Llorente respondió a ataques como estos con escritos como: 

- Defensa canónica y política de don Juan Antonio Llorente contra injustas acusaciones de fingidos crímenes; trascendental en varios puntos al mayor número de españoles refugiados en Francia (1816).
- España y la Inquisición, acompañado de Lettre à M. Clausel de Coussergues sur l'Inquisition espagnole (1817-1818). 
Histoire crítique de l'inquisition espagnole (1818). Con la que logró gran reconocimiento en toda Europa.


Algunas informaciones de la policía francesa apuntaron a su participación en logias carbonarias, y en 1820 se pidió su marcha del país por revolucionario, conspirador y desleal a la hospitalidad del Rey. Él lo ignoró durante un tiempo, pese a que su regreso a España parecía menos peligroso tras el triunfo del Trienio Liberal. Muchos liberales mostraban gran afecto a su trabajo contra el Santo Oficio y la Iglesia Ortodoxa. Su posición favorable al Trienio se ve con claridad en su obra Conversaciones entre Cándido y Prudencio sobre el estado actual de España (1820), en la que formulaba varias advertencias para lograr la supervivencia del régimen, frente a los posibles espías contrarrevolucionarios ocultos.
Finalmente, a finales de 1822, el gobierno francés decide expulsarle. La causa principal fue la publicación, el año anterior, de Retrato político de los Papas desde San Pedro hasta Pío VII, en la que atacaba gravemente a Roma. Pero para cuando confirman su expulsión, Juan Antonio ya había salido por su cuenta del país, como muestra una carta escrita a un amigo francés desde Irún el 27 de diciembre. Murió en Madrid el 5 de febrero de 1823, a tiempo de evitar un posible proceso cuando el absolutismo de Fernando VII volviese a tomar el poder ese mismo año.

Siendo un personaje tan polémico en su tiempo, ¿cómo se le recordó posteriormente? 
Curiosamente, muchos liberales terminaron por aceptarlo como a un igual, pese a su posición afrancesada durante la Guerra de Independencia. Fue visto como un patriota ilustrado, antiabsolutista, revolucionario, partidario de la reforma del clero, un regalista que prefería la autonomía española al intrusismo romano, un centralista contrario a las libertades forales, y además de un miembro del movimiento carbonario.
El clero tradicionalista lo aborreció como a un traidor por su espíritu reformista y contrario a los papas romanos. Historiadores como Juan Manuel Ortí y Lara y Marcelino Menéndez Pelayo, en sus obras La Inquisición e Historia de los heterodoxos españoles, respectivamente, atacaron duramente la figura de Llorente. Sobre todo Menéndez Pelayo, que consideró a las ideas afrancesadas y revolucionarias como  antiespañolas.


Bibliografía:


- Caro Baroja, Julio. El señor inquisidor. Alianza Editorial. Madrid, 1996.
- Menéndez Pelayo, Marcelino. Historia de los heterodoxos españoles


Comentarios

Entradas populares de este blog

La usura medieval 1: la condena religiosa

Hoy me gustaría hablar brevemente de la usura en tiempos medievales. Seguramente dedicaré varias entradas del blog al tema debido a la extensión que me exigirá, y me centrare hoy en las críticas que suscitó en el seno de la Iglesia, y en las justificaciones que se emplearon para tratar de atajar la práctica usuraria. Empecemos por definir al elemento que nos ocupa. Por usura entenderíamos el cobro de un interés por realizar un préstamo , es decir, que además de devolver la suma de lo recibido, ha de añadirse cierta cantidad extra como compensación o beneficio. Es importante recordar que los préstamos y sus intereses no siempre han tenido forma de dinero. En épocas pasadas la economía no era tan monetaria como la actual, manejándose ante todo productos en especie, y era común prestar alimentos, herramientas, ropa o animales. Los motivos para buscar un préstamo fueron muy variados. Desde mitigar una etapa de pobreza y escasez, pasando por los gastos de una boda o un funeral, la neces...

Síbaris, la ciudad del lujo

Un paraíso en la Magna Grecia La ciudad de Síbaris fue fundada a finales del siglo VIII a.C por colonos griegos procedentes de Hélice (región de Acaya) y de Trecén (en la Argólida). Se asentaron entre dos ríos, el Crathis, y el Síbaris. A este último lo denominaron así en honor a una fuente mitológica cercana a la urbe griega de Delfos. La región elegida se nos ha descrito en la tradición como un verdadero paraíso. Era una tierra hermosa, y por encima de todo, fértil. La ciudad tenía junto a sí una llanura litoral amplia, bordeada a su vez por montes y bosques. Más al oeste les protegía la meseta montañosa de La Sila. Muy pronto los colonos sacaron rédito a esa extraordinaria localización. La llanura resultó sumamente productiva, permitiéndoles exportar excedentes de alimentos a Grecia y Asia Menor. Sus viñas fueron famosas por su calidad, siendo otro de sus principales productos de exportación. Al parecer su producción era tan copiosa que necesitaron almacenes subterráneos p...

La rebelión de Münster

Características del anabaptismo en la Reforma  En este nuevo artículo os hablaré de los hechos acontecidos en la ciudad de Münster entre 1534 y 1535. Sus principales protagonistas son los anabaptistas, uno de los dogmas cristianos surgidos durante la Reforma Protestante que sacudió la Cristiandad en el siglo XVI. Veamos primero cuáles son las características del anabaptismo. Reciben ese nombre por ser los que “los que bautizan” o “los bautizados de nuevo”. Creían que el bautismo debía ser un acto de fe, y se negaban a aceptar como válido el bautizar bebés. El bautismo lo debía aceptaba un adulto voluntariamente. Por tanto sus primeros fieles se habrían bautizado dos veces durante su vida. Los anabaptistas también creían en la  Sola Scriptura , la Biblia sería la única fuente fiable sobre la autoridad divina y cada fiel puede interpretarla por sí mismo, sin intermediarios. Por supuesto, este punto suponía traducir la Biblia a idiomas distintos al latín, cosa castigada ...