La ciudad de Síbaris fue
fundada a finales del siglo VIII a.C por colonos griegos procedentes de Hélice
(región de Acaya) y de Trecén (en la Argólida). Se asentaron entre dos ríos, el
Crathis, y el Síbaris. A este último lo denominaron así en honor a una fuente
mitológica cercana a la urbe griega de Delfos. La región elegida se nos ha
descrito en la tradición como un verdadero paraíso. Era una tierra hermosa, y
por encima de todo, fértil. La ciudad tenía junto a sí una llanura litoral
amplia, bordeada a su vez por montes y bosques. Más al oeste les protegía la
meseta montañosa de La Sila.
Muy pronto los colonos sacaron
rédito a esa extraordinaria localización. La llanura resultó sumamente
productiva, permitiéndoles exportar excedentes de alimentos a Grecia y Asia
Menor. Sus viñas fueron famosas por su calidad, siendo otro de sus principales
productos de exportación. Al parecer su producción era tan copiosa que
necesitaron almacenes subterráneos para guardarlo. Otro hecho que nos indica su
volumen de producción es que en lugar de usar carros para transportarlo al
puerto, construyeron un canal, lo que facilitaba las cosas. Una vez allí se almacenaba
en ánforas, luego se cargaría en los barcos y partían para ser vendidas en
mercados extranjeros. La ciudad contaba con cabras, bueyes y ovejas que
pastaban por las colinas circundantes. El queso, la lana y la carne no faltaron.
Los bosques también fueron vitales para su economía, ya que su madera era apta
para construir naves y elaborar pez. La miel y la cera fueron otros productos
característicos de la región de Síbaris.
Fue una de las principales
ciudades de la Magna Grecia. Controlaba una extensión de tres mil kilómetros
cuadrados, y el historiador Éforo le calculó unos cien mil habitantes, una
cifra importante, en la que seguramente debamos incluir ciudadanos y esclavos
por igual. Su populosidad no sería de extrañar si tenemos en cuenta lo que
dicen los relatos; siempre tuvieron los brazos abiertos para migrantes y
refugiados. De tal modo se vieron obligados varias veces a fundar nuevas urbes
a su alrededor. Señala Estrabón que la ciudad tenía bajo control hasta 25
poblaciones cercanas. Una de ellas fue la colonia de Poseidonia (Paestum para
los romanos), la cual ha conservado hasta nuestros días los principales restos
arqueológicos relacionados con Síbaris, de la que no sabemos su ubicación
exacta, como luego comentaremos de nuevo.
Dos elementos caracterizaron e
hicieron entrar a Síbaris en la leyenda y ser tan recordada hasta hoy. A
continuación veremos cuáles eran.
La prosperidad del comercio
Su riqueza fue sin duda la
primera de ellas. Su buena ubicación y el buen hacer de sus comerciantes les
granjeó enormes fortunas. Además de fama entre los demás griegos.
Sus principales exportaciones
fueron alimentos, en forma de cereales y productos en conserva, como pescado en
salmuera y jarabe de frutas. Es muy posible que también obtuviesen materias
primas del interior de Italia, puesto que sus relaciones con los pueblos
peninsulares eran muy sólidas. Este hecho ha de tenerse muy en cuenta, porque
le permitió ser el principal intermediario entre las ciudades de Asia Menor y
los bárbaros itálicos.
Los sibaritas contaron con
varias factorías al oeste y noroeste, junto al Mar Tirreno. Esos puertos les
pusieron en contacto con etruscos y otros pueblos del norte peninsular.
Su mejor contacto por las
costas de Asia Menor fue Mileto. Los intercambios se basaron en alimentos,
materias primas y esclavos por parte sibarita; y manufacturas, lana y tintes por
parte de los milesios. La compra del tinte púrpura fue su gran negocio. Una vez
transportado a Síbaris, unos talleres lo empleaban para teñir telas. Entre los
aristócratas itálicos se valoraban de tal modo, que pagaban grandes sumas por
ellas, especialmente los etruscos.
Debemos destacar además la
moneda que acuñaban, la estátera de plata. Su valor rondaba los cuatro dracmas,
siendo por tanto de una calidad excelente. Cualquier puerto del mediterráneo la
aceptaría gustosamente, a sabiendas de su valor. La imagen que la identificaba
era un toro.
Síbaris quiso incluso competir
con los famosos juegos olímpicos con los suyos propios. Algo que, por otro
lado, no fue raro de ver en otras ciudades griegas. Las pruebas eran las mismas
que en los tradicionales juegos de Olimpia: lucha, carreras, salto, lanzamiento
de jabalina o disco, carreras de caballos… En lugar de homenajear a los atletas
con la corona de ramas de olivo olímpica, en Síbaris usaban una corona de
plata. Y para seguir demostrando que eran ricos como nadie, otorgaban un
suculento premio en dinero a los ganadores.
El refinamiento sibarita
La segunda característica de
esta ciudad venía dada por su riqueza: su refinamiento y lujosos hábitos. Los
relatos nos dicen que los ricos sibaritas tenían gustos exquisitos al vestir,
al comer y al descansar. El propio nombre sibarita
ha permanecido como una forma de
expresar que alguien es amante del lujo y el placer. Muchas veces se usa bajo
términos despectivos. Veamos algunas de sus costumbres:
- En Síbaris tenemos los
primeros testimonios, al parecer, del baño de vapor, como señala Georg
Schreiber. Disfrutaron de baños de agua caliente y de vapor, aunque no llegaron
al punto de crear las termas que sí tuvieron los romanos.
- Se vestían con ropas de gran
valor, incluso los niños. Pese a que producían lana de buena calidad, preferían
la de Mileto, muy apreciada en aquel tiempo. Estaban teñidas con tintes caros y
los adornos de metales valiosos no serían extraños. Algunos textos hablan
incluso del uso de cuerdas de oro a modo de extensiones en el cabello y para
sujetarse elaborados peinados las mujeres.
- Disfrutaban como nadie de
los placeres de la mesa. Pese a que sus desayunos y comidas eran sencillas,
durante la cena la cosa era diferente. Acostumbraban a invitarse unos a otros
para cenar, y surgió con sibaritas y sicilianos la costumbre de presentar
varios platos a lo largo de la velada. Las raciones eran copiosas, lo que no
debe sorprendernos viendo la fertilidad de la región y la abundancia de ganado.
Bebían grandes cantidades de vino aguado, que les ayudaba a retrasar la
borrachera y a continuar bebiendo toda la noche. Cada invitado contaba incluso
con un orinal para no tener que dejar la habitación por salir a orinar.
- Su extrema vagancia. Este
punto debemos coger el tema con pinzas, ya que es donde queda más claro que
gran parte de los relatos sobre los sibaritas son exagerados y buscaban hacer
mofa de ellos. Se decía que gozaban enormemente del sueño, por lo que evitaban
madrugar y expulsaron a las afueras de la ciudad a toda actividad ruidosa que
pudiese importunarles, como herreros, carpinteros o animales como el gallo.
Otra anécdota cuenta que un sibarita cayó muerto, fulminado por el agotamiento,
sólo por quedarse mirando como trabajaban unos obreros. Incluso el canal que
transportaba vino de los almacenes al puerto fue usado como burla para su
legendaria vagancia.
La última historia que quiero
relatar sobre este tema tiene que ver con unos viajeros sibaritas que, durante
una visita a Esparta, tuvieron la ocasión de comparar sus refinadas costumbres
con el austero modo de vida espartano. Era un pueblo sin lujo ni comodidades, y
todo estaba pensado para endurecer a los ciudadanos lacedemonios. Pero para los
viajeros lo peor de todo fue su comida. Un rancho infame que los espartanos
compartían con sus compañeros de armas en los barracones. Tras probarlo uno de
los sibaritas dijo:
“Antes,
cuando oía alabar la valentía de los espartanos en el campo de batalla, quedaba
impresionado; pero ahora que he aprendido a conocerles, ya no me asombra. Un
cobarde, aunque fuese el ser más miedoso de la tierra, preferiría la muerte al
tipo de existencia que lleváis.”
Como señala Schreiber, incluso
tratándose de burlas y calumnias, los relatos sobre los sibaritas nos sirven
para confirmar lo real que fue su prosperidad, que llegó a levantar tanto
recelo y envidia en otros pueblos griegos, muchos de ellos prósperos de por sí.
La revolución del demagogo
Telis
Pese a todas las pruebas que
nos demuestran la riqueza de la polis, no era una ciudad exenta de problemas
sociales. Las principales rencillas se dieron entre los descendientes de los
dos grupos de colonos originales, trezenianos y aqueos; y entre los ricos y los
pobres de Síbaris.
Este último conflicto vino dado,
según Diodoro, por la ampliación que los sibaritas hicieron del cuerpo
ciudadano hacia el 510 a.C; al darle la ciudadanía a los habitantes más pobres
de la ciudad, que habrían aumentado su número debido a una nueva oleada de
inmigrantes. Un agitador llamado Telis aprovechó que los más humildes ahora
tenían voz y voto en la asamblea para soliviantarles contra los ricos, haciendo
uso de la demagogia. Cosechó un gran éxito y se erigió como tirano. Se expropiaron
los bienes y riquezas de los quinientos ciudadanos más adinerados, que huyeron;
aunque otros relatos dicen que fueron desterrados. Telis hizo creer a sus
seguidores que repartir las fortunas de los comerciantes haría ricos al resto de la población. Por
supuesto, esto no ocurrió. El dinero obtenido mediante el robo pronto se
agotaría, y sin aquellos hombres de negocios pronto la ciudad podría perder su
predominio comercial sobre la región. Y lo que era peor, esos expertos
comerciantes acabarían ofreciendo sus habilidades a una ciudad rival, potenciándola
mientras preparaban su venganza.
Los desterrados optaron por
refugiarse en la ciudad vecina de Crotona, situada a unos cien kilómetros al
suroeste de Síbaris. Era otra ciudad comercial bien ubicada, con el mejor
puerto de la región, pero carecía de las tierras fértiles que sí disfrutaban
los sibaritas. Los acogieron con amabilidad, pero pronto se presentó ante sus
puertas una embajada sibarita exigiendo la entrega de los quinientos hombres.
La asamblea debatió sobre el asunto profundamente, ya que una guerra con
Síbaris podría resultar desastrosa, visto su poder económico y el número de
soldados que podían reunir. El sabio Pitágoras acabó por zanjar el debate,
convenciendo a todos de que lo más correcto era salvar a los suplicantes.
Argumentó además que sería una afrenta a los dioses entregar a quienes habían
recibido en hospitalidad.
Apartándonos de los discursos
centrados en términos religiosos y morales, lo más probable es que Crotona
viese con buenos ojos una guerra contra Síbaris desde el primer momento.
Después de todo, eran rivales comerciales, y el dominio sibarita del mercado
itálico limitaba su prosperidad. Tenemos como prueba de ello la forma en como
acabó la contienda.
El fin de Síbaris
Ante el rechazo crotonesi,
Síbaris declaró la guerra en el 510 a.C. Las tropas de Crotona estuvieron
comandadas por el atleta Milón. Las fuentes nos ofrecen cifras muy exageradas
sobre el tamaño de los ejércitos: 300.000 frente a 100.000. Es lógico pensar
que con su gran población Síbaris fue superior en número, pero tales números
resultan escandalosos.
Athenaios nos ofrece una
versión muy curiosa sobre el motivo la derrota sibarita. Los refugiados habrían
hecho saber a Milón que los caballos de su ciudad natal estaban entrenados para
bailar al escuchar música. En el campo de batalla, cuando la caballería
sibarita se abalanzaba sobre el inferior ejército de Crotona, Milón hizo
desplegar a una tropilla de músicos. Su música llegó a oídos de los caballos,
que detuvieron su carga para bailar al son de las notas. Un contraataque
crotonesi barrió a la inutilizada caballería con facilidad, para ir luego sobre
una infantería atónita ante tal espectáculo.
Todos los relatos concuerdan
en que las fuerzas de Síbaris fueron aplastadas en su huida, y de que Crotona no
se molestó en tomar prisioneros. El tirano Telis y sus seguidores fueron
perseguidos y asesinados por sus conciudadanos en las calles. El subsiguiente
saqueo devastó la ciudad. Antes de retirarse Milón habría desviado el río
Crathis para anegar la ciudad por completo. Esto nos indicaría que la guerra no
estuvo motivada tanto para proteger a los refugiados sibaritas, sino que fue la
excusa para borrar del mapa a un competidor comercial.
Una serie de estudios
arqueológicos sobre Síbaris analizaron los sedimentos del río para acercarse a
la posible ubicación de la ciudad, pero no encontraron pruebas de tal trabajo
humano. Si Síbaris se inundó, pudo haber sido por causas naturales.
Intentos de refundación
Los escasos supervivientes de
Síbaris se instalaron en colonias cercanas como Poseidonia o en factorías
como Lao y Skidros. A mediados del siglo V a.C sus descendientes refundaron la
ciudad de nuevo, pero Crotona tardó sólo cinco años en volver a arrasarla.
Unos años más tarde, en el
último cuarto del siglo V a.C, Pericles de Atenas intentó la primera fundación
panhelénica con la ciudad de Turios, muy cerca de donde se erigió Síbaris. El
proyecto acabó siendo apoyado sólo por Atenas, pero los antiguos sibaritas
fueron invitados a instalarse en la nueva urbe. Sin embargo, sus continuas
protestas acerca de los repartos de tierras y cargos acabaron por costarles la
expulsión. Turios, con una historia agitada, terminó siendo arrasada por Aníbal
en el 204 a. C por su persistente apoyo a Roma. Se refundaría como Copiae poco
después, y la ciudad se mantuvo habitada hasta la Alta Edad Media, cuando una
epidemia de malaria diezmó a sus vecinos, que acabaron por abandonarla. Así se
mantuvo hasta hace poco, cuando tras varios trabajos para desecar el área, ha
vuelto a poblarse.



Comentarios
Publicar un comentario