Características del anabaptismo en la Reforma
En este nuevo artículo os hablaré de los
hechos acontecidos en la ciudad de Münster entre 1534 y 1535. Sus principales
protagonistas son los anabaptistas, uno de los dogmas cristianos surgidos
durante la Reforma Protestante que sacudió la Cristiandad en el siglo XVI.
Veamos primero cuáles son las
características del anabaptismo. Reciben ese nombre por ser los que “los que
bautizan” o “los bautizados de nuevo”. Creían que el bautismo debía ser un acto
de fe, y se negaban a aceptar como válido el bautizar bebés. El bautismo lo
debía aceptaba un adulto voluntariamente. Por tanto sus primeros fieles se
habrían bautizado dos veces durante su vida. Los anabaptistas también creían en
la Sola Scriptura, la Biblia sería la única fuente fiable sobre la
autoridad divina y cada fiel puede interpretarla por sí mismo, sin
intermediarios. Por supuesto, este punto suponía traducir la Biblia a idiomas
distintos al latín, cosa castigada por la Iglesia durante siglos. Y por tanto,
tampoco creen en los sacerdotes. Un creyente no los necesitaría para mantener
su relación con Dios.
El anabaptismo fue una corriente menor del
protestantismo si la comparamos con el luteranismo, el calvinismo o el
anglicanismo. Además se ganó el desprecio de los otros por varias razones. Por
un lado manifestando que la Reforma luterana se quedaba corta,
porque debía continuar la reforma hasta alcanzar el cristianismo
primitivo, recogido en la Biblia. Sacralizaron la pobreza y la igualdad de los
fieles, rechazando la propiedad privada e ignorando a las autoridades
tradicionales. Su comunismo cristiano les llevó a veces a practicar la
poligamia, obligando tanto a mujeres casadas como a solteras a casarse. Esto
ocurrió principalmente cuando el número de mujeres era muy superior al de
hombres. La igualdad exigía que todas tuviesen un marido, y que la soltería,
origen para ellos de muchos males sociales, desapareciese.
El odio que recibieron desde otras
posiciones cristianas se debió principalmente a que proponían una reforma
religiosa y social de gigantescas proporciones, que chocaba directamente con
los intereses políticos, sociales y económicos de los demás cristianos. Además
desde el Código de Justiniano (siglo VI) se podía castigar con la muerte a
quién bautizase por segunda vez a otro cristiano. Y su uso de la poligamia fue
visto como monstruoso por luteranos y católicos.
Pese a que su gran defensor, Thomas
Müntzer, murió en el desastre las Guerras de los Campesinos (1524-1525), el
anabaptismo logró extenderse por Alemania, Suiza, Holanda y Austria.
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| Jan van Leyden bautizando a una mujer. |
Durante la década de 1530 se extendió por
parte de Alemania un encendido fervor religioso milenarista, creyente de la
cercanía de los Últimos Días. Las profecías apocalípticas de Melchor Hoffman en
1533, en las que aseguraba la inmediata Segunda Venida de Cristo en la ciudad
de Estrasburgo, fueron fundamentales para los posteriores hechos ocurridos en
Münster. Las autoridades aplastaron a Hoffman y sus fieles en Estrasburgo, y él
murió en prisión.
La Reforma se asentó en Münster gracias
a Bernard Rothmann, un predicador luterano logró en 1532 que su
credo fuese aceptado por la mayor parte de la ciudad, con el mismo discurso
milenarista y apocalíptico que Hoffman había usado en Estrasburgo.
El profeta y los Últimos Días
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| Jan (o Johan) Matthys |
Jan Matthys, un predicador (antes panadero) que se presentaba como el profeta bíblico
Enoc, había sido también un seguidor de Hoffman. Supo por su
emisario Jan Van Leyten que Münster era la ciudad ideal para
extender su Palabra. La ciudad la dominaban los luteranos, que habiendo
expulsado al obispo, lo sustituyeron por un Concejo del burgo.
Cuando llegó a la ciudad en 1534, su éxito
fue tal que mil cuatrocientas personas de un total de diez mil pidieron ser
bautizadas de nuevo. Proclamó que la Segunda Venida estaba próxima, y que
aquella ciudad era la elegida por Cristo para fundar una Nueva Jerusalén.
Aprovechando la confusión reinante entre
los poderes de la ciudad, los anabaptistas se hicieron con el control del Concejo. Pronto
obligan a la población católica y luterana que no había escapado a elegir entre
convertirse o abandonar Münster. Bajo el lema: “¡Arrepentíos, con los
mil quinientos años llega la Venganza!”, lograron bautizar a unas dos mil
personas más. Los disconformes vieron confiscados sus bienes y fueron obligados
a marchar a su suerte en pleno invierno.
El obispo católico de Münster, Franz von
Waldeck, trató de rendir la ciudad por asedio con una tropa de mercenarios. El
asedio, que fue intermitente por diversos problemas, duraría dieciséis meses.
La comuna pobrista
El gobierno de esta Nueva Jerusalén,
liderado por Jan Matthys, instauró el comunismo cristiano inspirándose en el
Sermón de la Montaña. Rothmann publicó un panfleto titulado Restitución,
que mostraba los principios de la nueva sociedad:
“Llegó el momento de vivir el amor mutuo,
la perfecta igualdad y la filantropía. Queda abolido entre nosotros, por el
poder del amor y la comunidad, todo aquello que hasta ahora había servido al
provecho egoísta y la propiedad privada; por ejemplo, comprar y vender,
trabajar por salario, cobrar interés, comer y beber del sudor de los pobres.”
Algunos de los cambios del nuevo gobierno
fueron suprimir la moneda y la propiedad privada, sustituida por la comunidad
de bienes. La santa pobreza se impone amparándose en las enseñanzas de
Jesús. Todas las joyas, oro y plata son confiscados para comprar alimentos y
armas con los que resistir el asedio. Las iglesias y la catedral sufrieron
ataques iconoclastas en las que sus reliquias y sepulturas fueron destruidas.
Las puertas de las casas no podían cerrarse, ya que así lo había dejado escrito
San Juan en el Libro de Apocalipsis. En la Nueva Jerusalén no hay lugar para la
intimidad, ningún fiel de la Fe tiene nada que ocultar.
La población debía llevar al cuello una
chapa de cobre con la inscripción “DWWF”, que traducido al castellano es una
frase del Evangelio: “y el Verbo de hizo Carne”, como recordatorio constante de
la inminente llegada de Cristo.
También levantaron piras en las que
quemaron todos los libros distintos a la Biblia. Incluidos libros de
contabilidad, recibos de deuda, contratos y títulos de propiedad, lo que
aseguraba eliminar la propiedad y garantizar la igualdad de todos los fieles.
Durante una de estas quemas, Matthys asesinó a un hombre que protestó por
aquella locura.
Al fin, el día proclamado para la Segunda
Venida llegó. Fue el Domingo de Resurrección de 1534 (15 de abril). La
población esperaba una señal que indicase la Venida de Cristo, pero nada
sucedía. Jan Matthys juró, que como hizo el legendario Gedeón derrotando a los
enemigos de los israelitas, él aplastaría a las tropas que rodeaban la ciudad.
Lideró un fervoroso ataque contra los mercenarios episcopales, pero fueron
fácilmente aniquilados y Matthys falleció.
Sobre este ataque suicida podemos
especular con varias opciones. La primera, que Matthys creyó de verdad ser un
elegido del cielo y su victoria estaba asegurada; la segunda es que
desilusionado porque sus profecías no se cumplieran, necesitaba salir y esperar
que se obrase milagro final; o finalmente, habría sido consciente de que sus
fantasías no podrían mantener engañada a su gente más tiempo, al ser ya el día
prometido, y sólo le quedaría salir y obtener una victoria milagrosa o morir
para evitar el castigo de sus enfurecidos seguidores.
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| Jan van Leyden |
La ciudad, restaurada su lucidez y
desilusionada por los últimos eventos, trató de negociar la rendición con el
obispo. Pero Jan van Leyden, el discípulo del desaparecido profeta, vio la
situación como favorable y se proclamó el elegido de Dios para gobernar a los
fieles mientras el verdadero Día llegaba. Obviamente no dio fechas claras al
respecto, y la dura realidad dejó paso a un nuevo caso de suspensión de la
realidad entre las masas.
En agosto, parte del ejército del obispo
deserta y la ciudad puede recuperar el aliento, en forma de suministros y un
contingente de anabaptistas eufóricos que acuden de todas partes para unirse al
movimiento. Las Sagradas Escrituras fueron la base de la convivencia, y el
nuevo código de leyes podía castigar la avaricia o la envidia incluso con la
muerte. La igualdad impuesta por la fuerza llegó a limitar el número de prendas
de vestir que se podían poseer, prohibió los adornos o las ropas lujosas. Todo
lo confiscado se entregó a los más pobres.
El nuevo profeta continuó aplicando las
Escrituras, y amparándose en la orden divina de “creced y multiplicaos”,
instauró la poligamia. Todas las mujeres entre los catorce y los cincuenta años
debían casarse ante la primera proposición que recibiesen, incluso si ya
estaban casadas y su marido no se encontraba en la ciudad. La realidad es que
había casi tres mujeres por cada hombre, debido a los combates y a los que
huyeron dejando a sus esposas atrás para cuidar del hogar. Aquellos que se
opusieron a los matrimonios exigidos fueron ejecutados. Él mismo Leyden se casó
con la viuda de Jan Matthys y otras quince mujeres.
El asedio a la Nueva Sión
Tras superar un intento de asesinato y un
importante ataque a las murallas, Leyden dio rienda suelta a su megalomanía y
se coronó como Rey de la Nueva Sión (o Nueva Jerusalén), apoyado
incondicionalmente por un gran número de enfervorecidos
creyentes. Tras ser ungido y coronado declaró:
“Asumo ahora el poder sobre todas las
naciones de la Tierra, y derecho a usar la espada para confusión de los
malvados y defensa de los justos. El Verbo se ha hecho Carne y mora entre
nosotros. Un Dios, una Fe, un Bautismo.”
Este nuevo Estado teocrático sufre pronto
un asedio más duro del antiguo obispo de Münster. Las noticias sobre el estado
de la ciudad y sus locuras alarmaron tanto a católicos como a luteranos. El
mismo Lutero los aborreció y llegaron refuerzos protestantes para ayudar al
ofuscado obispo. A partir de aquí las cosas empiezan a empeorar a lo grande.
Sin alimentos y temiendo rebeliones, las calles de Münster se llenaron de
informantes, se ofrecieron recompensas para quien descubriera traidores e
infieles, y pronto el hambre hizo desaparecer a todos los animales, que fueron
devorados. Desaparecieron incluso las ratas. La gente pasó a comer cuero y toda
clase de deshechos. Mientras su pueblo recurría al canibalismo para sobrevivir,
el mesías Leyden tenía reservas de alimentos en su residencia para él y su
séquito para seis meses. Una de sus esposas fue decapitada por criticarle por
su vida llena de comodidades y lujos.
El rey trató de levantar los ánimos
de los famélicos habitantes organizando bailes en los que celebraban
el cada vez más cercano del Día Escogido, en el que los infieles que los
torturaban con el hambre serían barridos por la ira de Dios, mientras que ellos
ganarían el Reino de los Cielos.
Pero el hambre, la miseria y el terror
constante a ser denunciado aumentó, y finalmente muchos ciudadanos salieron de
su delirio. El rey-profeta era un farsante, y la ciudad debía volver a la
normalidad.
En final del Reino Anabaptista
Para cuando los opositores al régimen de
la Nueva Sión lograron abrir las puertas a las tropas del obispo, en junio de
1535, la única comida que tenían los supervivientes eran cadáveres humanos. De
los diez mil habitantes originales apenas quedaban unos cuantos centenares. Y
muchos menos sobrevivirían al castigo de los asaltantes. Queriendo borrar de la
faz de la Tierra los despropósitos del reino anabaptista, la población fue
masacrada a lo largo de tres días, en los que las calles se siguieron llenando
de cadáveres y de sangre. Sólo unos pocos cientos, que resistieron en la plaza levantando
barricadas y luchando, fueron perdonados.
El rey-mesías Leyden, sabiendo que su fin
estaba próximo, trató de incendiar la ciudad, pero fue capturado. Seis meses
después de ser sentenciado a muerte, Leyden y dos de sus cabecillas fueron
torturados en público durante horas con tenazas al rojo vivo. Finalmente sus
lenguas fueron cortadas y murieron con un puñal en el corazón. Jan van Leyden
tenía sólo 26 años. Sus cadáveres fueron colocados en jaulas de hierro que
colgaron en la catedral, a modo de recordatorio. Estas jaulas aún están
expuestas actualmente en la catedral de Münster, la iglesia de San Lamberto.
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| Grabado sobre la torutra y ejecución de Leyten y sus compañeros. |
Como consecuencia de estos delirantes
hechos, los anabaptistas supervivientes por Europa abrazaron la no violencia y
el respeto a la libertad religiosa.
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| Las jaulas de los ajusticiados por la rebelión. |
Bibliografía
- Cohn, Norman. En pos del Milenio. Pepitas de calabaza. Logroño, 2015.
- Escohotado, Antonio. Enemigos del Comercio. Vol.I. Planeta. Barcelona, 2008.
- Voz en la Wikipedia:
- Rebelión de Münster, en español e inglés.
- Jan van Leyten, en español e inglés
- Jan Matthys, en español e inglés.





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